Copryrighde: www.enriquedans.com/

Si tienes instaladas Telegram o Signal, llevarás seguramente varios días comprobándolo: muchas personas de tu lista de contactos están apareciendo en esas redes de mensajería instantánea, lo que genera incómodas oleadas de notificaciones.

La inmensa mayoría de esas personas que ahora ves aparecer en Telegram o en Signal provienen de WhatsApp, que recientemente publicó una notificación de cambio en sus términos de servicio a sus usuarios, que muchos interpretaron como un ultimátum que los conminaba a compartir los datos de la app con Facebook de manera obligatoria, o bien a dejar de utilizarla.

Para muchos, el anuncio, unido a la espantosa reputación de Facebook en todo lo relacionado con los datos y la privacidad y el interés por reducir su dependencia de la compañía, ha sido suficiente como para plantearse de manera seria ya no simplemente abandonar WhatsApp, sino embarcarse en una tarea de evangelización para que sus amigos y contactos lo hagan. Si recibes notificaciones de los grupos en los que participas en WhatsApp invitándote a continuar la comunicación en plataformas de mensajería alternativa, que no te extrañe. De hecho, no es la primera vez que a WhatsApp le ocurre algo así.

¿Qué ha pasado realmente? En realidad, los cambios que Facebook está introduciendo en los términos de servicio de WhatsApp son bastante limitados: la compañía llevaba ya bastantes años utilizando en Facebook una gran cantidad de la información que obtiene de sus usuarios a través de WhatsApp – si quieres ver cuánta, y cómo se compara con iMessage, Telegram o con la más discreta de todas ellas, Signal, puedes leer este artículo. ¿Por qué, entonces, introducir cambios en sus términos de servicio y provocar esa alarma? Simplemente, porque las intenciones de la compañía de Mark Zuckerberg son ahora poder convertir WhatsApp en un lugar de interacción con compañías.

En la hoja de ruta de Facebook, monetizar WhatsApp es un hito fundamental. La compañía ve WhatsApp como su futuro, y está dispuesta a emprender un camino que le permita ponerla en valor sea como sea. Eso incluye convencer a compañías para que la utilicen en su interacción con sus usuarios, que la integren en sus sistemas CRM, que la usen para comunicar cualquier incidencia, para recibir pagos o para hacer ofertas. Esa integración requiere un cambio en los términos de servicio, y señala lo que te encontrarás si sigues en WhatsApp: un giro hacia actividades más comerciales, y por supuesto, la posibilidad de que la información que generes o las relaciones que establezcas en WhatsApp sean utilizadas para dispararte anuncios relacionados en Facebook o en Instagram.

¿Es eso malo? No necesariamente… si no fuera porque las relaciones que se establecen bajo el paraguas de Facebook siempre tienen la misma connotación: la empresa es el cliente, y el usuario es simplemente la materia prima con la que se le alimenta. Pero si la idea te parece interesante, ya sabes: mantén tu actividad en WhatsApp, verás esa idea materializarse ante tus ojos, y empezarás a encontrar normal que muchas compañías utilicen WhatsApp para comunicarse contigo, con reglas de interacción marcadas por el mismísimo Mark Zuckerberg.

Si la idea no te seduce, ya sabes: márchate. Pero ten en cuenta que, dado el potente efecto red que tiene toda aplicación de mensajería, eso de «cojo la puerta y me voy» no te resultará tan sencillo: para que tu movimiento tenga sentido, tendrás que convencer a las personas con las que te comunicas habitualmente para que dejen de buscarte en WhatsApp, o de pensar que estás ahí escuchando en el grupo correspondiente, y en la medida de lo posible, te acompañen a la nueva plataforma que escojáis.

¿Cuál? Yo llevo ya bastantes años utilizando ambas, y sinceramente, en cuando a uso como tal, no encuentro grandes diferencias. Telegram es sensiblemente más grande que Signal, alcanza ya los quinientos millones de usuarios, y su creador, Pavel Durov, que hasta ahora ha financiado su desarrollo fundamentalmente con fondos propios, se dispone a empezar a monetizarla, aparentemente mediante algún tipo de publicidad en sus canales multiusuario que, según la compañía, será «de tipo amigable y respetuosa de la privacidad». Durov, como tal, es un personaje muy interesante: en su momento fue el creador de VK, la red social más importante en Rusia, que le fue arrebatada mediante una operación hostil para ponerla bajo control gubernamental. Desde entonces, abandonó el país, renunció a la ciudadanía rusa y se mueve por el mundo con un pasaporte de Saint Kitts and Nevis.

El caso de Signal es diferente: creada por el genio de la criptografía y la seguridad conocido como Moxie Marlinspike, creador del protocolo de cifrado que utilizan, entre otros, WhatsApp, Facebook Messenger y Skype, se constituyó como compañía en 2018 gracias a los fondos aportados por el co-fundador de WhatsApp Brian Acton – obtenidos fundamentalmente de la venta de WhatsApp a Facebook – y se puso bajo el control de la Signal Foundation, una fundación sin ánimo de lucro. Cuando Acton abandonó Facebook por desavenencias con la compañía sobre el modelo de privacidad, decidió primero hacer campaña activa contra ella, y vio después en Signal la posibilidad de iniciar su venganza.

En ambos casos, compañías con una reputación sólida en cuanto a su funcionamiento y seguridad, creadas por genios «rebeldes» o «renegados» de los modelos de control obsesivo de los datos del usuario (estatales o corporativos), y con vocación de mantenerse como compañías independientes. Con historias personales muy interesantes detrás, y con un perfil completa y radicalmente diferente al de la Facebook de Mark Zuckerberg. Si te cambias a cualquiera de ellas, no tendrás ningún problema a la hora de hacer ahí las cosas que antes hacías en WhatsApp, y tus datos estarán a salvo de Facebook. Eso sí, tardarás tiempo en encontrarte con que, como en WhatsApp, puedes encontrar a prácticamente cualquier usuario cuyo número de teléfono conozcas: la magnitud de WhatsApp, con sus más de dos mil millones de usuarios, no tiene nada que ver con la de Telegram ni con la de Signal. Durante algún tiempo, tendrás que dar explicaciones a quienes te digan eso de «te envío un WhatsApp», y tendrás cierta sensación de «no estar donde está todo el mundo». Con todo lo que ello tiene tanto de bueno, como de malo.

Pero si decides cambiarte – yo lo hice hace muchos años – y liarte la manta a la cabeza para convencer a otros para que te sigan, ya sabes: hazlo entendiendo por qué, y a qué nuevos pastos te diriges. Pero si mi opinión te merece alguna credibilidad, sinceramente, no creo que sea una mala decisión.


This article is also available in English on my Medium page, «Are you thinking about abandoning WhatsApp?«

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *