Tenía 82 años. Fue decidor, cantor, guitarrero de alto nivel, cabal representante de la música de la provincia de Buenos Aires.

Murió quien ha sido posiblemente uno de los más auténticos exponentes de la música de la provincia de Buenos Aires. Se llamaba Omar Moreno Palacios: intérprete fino de la guitarra, decidor de cosas del campo, divulgador de la cultura nacional, amigo leal, conocedor de Neuquén, en donde cultivó muchas amistades.

Había nacido en 1938, había vivido en Montevideo, había cantado allí en un programa que conducía un locutor que después conmovería al mundo entero, llamado Alfredo Zitarrosa; y había después desarrollado una larga vida siempre pegado al terruño que más amó, la provincia de Buenos Aires, criando caballos, haciendo patria desde las entrañas y el conocimiento. Material de: https://www.mejorinformado.com/

Debutó como alumno de Mario Pardo​en el teatro Manuel J. Cobo, en la ciudad de Lezama (provincia de Buenos Aires), a los 8 años.​A los 12 años se presentó también como guitarrista en  Ayacucho. Y fue a los 18 que se fue a vivir a Montevideo, cruzando “el charco”, esa manera curiosa y despectiva con la que conocemos al río más ancho del mundo, el de La Plata.

En la capital uruguaya, en 1956, inició su carrera como profesional. Debutó en Radio Carve, de Montevideo, junto a Charlo y Sabina Olmos.​Presentó un ciclo con Panchito Maquiería y Enrique Cardozo en Radio El Espectador. Allí estaba Zitarrosa, todavía locutor: tenía 21 años.

Ya en 1962 actuó en Buenos Aires en La Cacharpaya (de Mariela Reyes), primer teatro de proyección folclórica. Más adelante se hacen famosas sus «mateadas» en El Palo Borracho (de Juncal y Callao) y sus actuaciones en El Hormiguero, La Salamanca, El Poncho Verde ―con el Grupo Vocal Argentino, Raúl Barboza, Amelita Baltar y Los Chalchaleros. Actuó en Confederados con los Hermanos Ábalos y en el Teatro Alvear con Julia Elena Dávalos.

Bajo la leyenda de Cantos y cuentos con historia ―metáfora de su repertorio musical― recorrió los diversos escenarios del país donde fue apreciado por su aporte original y su innovador estilo guitarrístico. En 1972 compartió el escenario durante una temporada en Villa Gesell, con Marián Farías Gómez y Caíto llevando a cabo el ciclo De la raíz a la flor.

En el Teatro París de la ciudad de Necochea (provincia de Buenos Aires), trabajó como actor ―bajo la dirección de Tito Lagos― en la obra Joven, viuda y estanciera, de Claudio Martínez Paiva.

Su larga trayectoria lo llevó a miles de escenarios del mundo. Sus canciones lo trascendieron largamente. “Sencillito y de Alpargatas” tiene hasta versiones de orquesta de jazz. Ya veterano, asumió plenamente su cariño por la radio, con diversos programas en distintas emisoras: tenía un talento único para contar historias y un conocimiento profundo de esa cultura campera vinculada siempre al caballo, animal que comenzó a criar en su propio establecimiento de la provincia a la que amó, desde 1971.

En 2004, recibió el gran premio del Fondo Nacional de las Artes, y en 2005 la Confederación Gaucha Argentina lo nombró «Leyenda Surera». Ese año (2005) fue nominado al premio Figura del Folclore por Clarín Espectáculos.

Aquí en Neuquén, deja amigos de fierro que lo lloran hoy. Entre ellos, Naldo Labrín, e Hilda López. Yo lo conocí personalmente en una visita que, de la mano de Hilda, hizo al Diario del Neuquén, allá por fines de la década del ’80. Andaba con otro grande la canción argentina, Raúl Carnota. Los dos cantaron en la Redacción del diario. Gente que la historia no repite, gente única.

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