Un vecino que vive en el mismo edificio que el músico realizó la pintura con la propuesta: Av. Charly García, en honor al creador de clásicos como Yendo de la cama al living y Pubis angelical. Marcelo Ferrán contó a Página12 cómo se gestó una idea que ya fascinó a su homenajeado y se volvió viral. 

Un teclado Oberheim, un pentagrama y el renombre de la Avenida: Charly García. La terraza del edificio de Coronel Díaz 1905 fue replicada en las redes miles de veces el día de ayer cuando se viralizó esta obra de Marcelo Ferrán y Tian Firpo. Inspirados por la pandemia, el encierro y la cercanía con el músico, los amigos y artistas se decidieron a crear esta pieza multidisciplinaria (que también incluye un video con los acordes en loop de la intro de Yendo de la cama al living, el primer disco solista de Charly), que intenta instalar la idea de que esa calle debería llamarse como uno de nuestros músicos más importantes. Y no diez años después de muerto como marca la ley sino ahora: “yo creo que a Charly hay que honrarlo en vida: él es quien tiene que encontrarse en su calle. Después ya no tiene el mismo valor” dice Ferrán a Página12. Coronel Díaz recibe el nombre del militar Pedro José Díaz, quien formó parte del Ejército de los Andes, participó en la guerra de Brasil y en las filas de Juan Manuel de Rosas en las guerras civiles. Un homenaje obsoleto en una ciudad que está renovando los nombres de sus calles y plazas por otros más significativos y valiosos de su historia.   

Ayer el teléfono no paró de sonar para Ferrán: tal fue la repercusión que Mecha Iñigo, pareja actual del músico, se comunicó con su vecino para decirle que Charly está feliz con la obra y la propuesta. “Estábamos como locos, no podíamos parar de gritar y abrazarnos de la emoción. Quedamos en que seguíamos hablando para vernos pronto” cuenta Ferrán, quien vive en el edificio hace veinte años con su pareja, Pat, y su hijo Félix. Cientos de guardias periodísticas se hicieron en esa casi esquina de Coronel Díaz y Santa Fe en la que él compró un departamento de casualidad, porque le habían rechazado la seña de otro. “Terminé viviendo acá por un revés del destino. Cuando yo era chico venía al Alto Palermo y siempre veía el edificio y me encantaba: la puerta art decó me parecía increíble y obviamente las terminaciones. Era muy diferente a lo que estaba de moda a fines de los 80 que era todo ladrillito a la vista, más de donde venía yo, de Banfield, donde los edificios son algo raro”.

“En la cuarentena subía a la terraza a despejarme con mi hijo y escuchaba a Charly tocar las melodías que salían de su ventana” cuenta Ferrán, y dice que el músico reversionaba temas propios, de Sting, de Prince… “O improvisaba y nos regalaba momentos geniales”. Ahí se le ocurrió la idea de homenajearlo. Ferrán es melómano y coleccionista de vinilos, también practicante de kick boxing. “Estoy todo el día escuchando música, incluso los domingos me levanto temprano porque resuenan menos las bocinas. Charly siempre dice que las bocinas están afinadas en la” cuenta.  

Marcelo Ferrán y Tian Firpo en plena acción. Tardaron tres días en hacer la obra, que empezó a cranearse en enero.

“En el mundo de los enfermos del audio, hay gente que tiene diez veces mas que yo. Fui achicando mi colección para ir guardando solo lo que me gusta mucho. Nosotros, los melómanos, que no somos tan ricos para tener equipos caros, siempre estamos encontrando el cuello de botella al audio, ya sea en los cables, el el stylus (la púa), en la cápsula… Es una carrera que no tiene fin: si fuese millonario por ahí tendría un equipo de 100 mil dólares pero estoy muy lejos de eso, mi set up es muy austero. Tengo algunos chiches interesantes como una lavadora de vinilos. Cuando era chico juntaba las monedas y los viernes compraba discos, algunos interesantes y otros que no me dejaban comprar porque tenían tapas difíciles, como los de Iron Maiden, que tiene esqueletos zombies y yo los quería a los 4, 5 años. Genesis, Queen, Kiss, Michael Jackson… eran dios cuando yo era chico, y pienso que lo siguen siendo” dice sobre sus referentes y piensa en alguna de las miles de anécdotas que tiene con el músico vivo más amado y admirado de la Argentina. 

“Cuando nos mudamos yo tenía las cajas todavía en el living y una de los artistas que más me llegan al alma es Joni Mitchell. Nos subimos al ascensor y lo cruzamos a Charly, yo estaba con mi compañera, Pat. Nos quedamos mudos y él fue quien rompió el hielo, nos dijo: “Hola chicos, ¿cómo les va?, bienvenidos” y nos dio la mano. Me mató. Paramos en el segundo piso, él bajó con nosotros, nos abrió la puerta y se quedó charlando un rato. Yo tenía las cajas ahí y en la primera sabía que tenía un dvd de Joni Mitchell, así que se lo di y estaba encantado” cuenta.

Amigo de Liliana Felipe, Ferrán fue el propietario de Félix Felicis, un tradicional bar de café de especialidad en Palermo, y ahora de Félix Vegan, una cafetería vegana y antiespecista en el corazón de Chacarita (Otero 223). Espera que esta obra llegue al corazón de Charly y al de todos y todas los que piensan que a nuestros grandes artistas hay que homenajearlos en vida. “Son nuestros héroes y heroínas. Espero llegar a su corazón”, dice. 

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