Argentina supo tener una importante industria nacional que llegó a competirle a las grandes multinacionales. Tal vez uno de los casos más emblemáticos haya sido el Rastrojero, un utilitario nacional y popular, que mientras estuvo en vigencia tenía más ventas que la F100 de Ford.  Este es otro de los proyectos que la última dictadura militar dejó trunco, sin otra explicación posible que beneficiar a las multinacionales.

A comienzos de 1952 el Estado argentino creó la empresa Industrias aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME), para promover la creación de un sector automotriz integrado localmente. La intervención estatal permitió recorrer el camino de la industrialización a través de un modelo de acumulación redistributivo y proteccionista. Eran tiempos en los que todavía no se había impuesto la ideología cuasi religiosa que cree que todo lo privado es superior a lo estatal. IAME se propuso impulsar un desarrollo automovilístico en un momento en el que aún el mercado se estaba formando, y también generar un crecimiento aeronáutico. Al mismo tiempo, se desarrollaron industrias metalúrgicas para proveer de material al emprendimiento. En 1967, IAME pasó a llamarse Industrias Mecánicas del Estado (IME). De todo el universo de productos que fabricaron, el Rastrojero era sin duda el protagonista estelar.

En 1980 la dictadura militar decidió abruptamente el cierre de la empresa. A diferencia de lo que cabría imaginar los últimos años de IME fueron de expansión. Especialmente se incrementó la variedad de los vehículos y hacia 1976 había superado en más del 50% la producción de 1970. El golpe de Estado generó cambios en la dirección de la empresa y la gerencia de producción que se vieron reflejados en una disminución en la producción anual. Sin embargo, rápidamente la empresa recuperó sus estándares tecno-productivos y si bien continuó como una fábrica especializada en vehículos utilitarios, se orientó hacia la diversificación y ampliación de su oferta a través de diferentes modelos. En sus últimos años, IME diseñó mejoras a sus vehículos y planificaba la fabricación de un vehículo multi-utilitario. En su último ejercicio completo, IME produjo casi 2.000 toneladas de fundición de hierro y fabricó 8.000 unidades del Rastrojero Diesel.

En 1976, ni bien empezó la dictadura, se inició un proceso de despidos que afectó al 20 % del total de trabajadores, que achicó progresivamente la planta permanente de la empresa hasta llegar a 2.927 trabajadores en 1979, poco más de la mitad de los 5.000 que poseía antes del golpe de Estado. La empresa estatal era sumamente eficiente y querida por los usuarios y venía sosteniendo un ritmo de producción que le permitia dar cuenta del 20 % del mercado de utilitarios de la Argentina durante la dictadura.

Desde la creación de IME en 1967, la sección Metalurgia desarrollaba actividades para empresas del Estado e incluso para empresas privadas extranjeras. Luego de ganar una licitación, en la planta de metalurgia de IME se fundieron 6.000 toneladas de cañerías de hierro para Gas del Estado y 1.000 toneladas de piezas de hierro para SEGBA. Junto con algunas obras de matricería para IKA, los trabajos para terceros de la Planta de Metalurgia de IME la vincularon con otras firmas del sector. Apenas dos años antes de su cierre, IME realizó un acuerdo con la firma francesa Peugeot para diseñar y producir vehículos utilitarios en sociedad. Se solicitó apoyo financiero para la expansión pero en Banco Central nunca autorizó el proyecto. Evidentemente había otros proyectos que les interesaban.

A mediados de 1970 existían en el país ocho empresas terminales que fabricaban automotores, eso no es algo común, Argentina era uno de los países con más producción automovilística del mundo. Siete de esas empresas eran transnacionales: Chrysler, Citröen, Ford, Fiat, General Motors, Peugeot, Renault, y la restante era IME.

La apertura indiscriminada de apertura de importaciones y la desaparición de aranceles llevada adelante por el entonces ministro de economía, Martinez de Hoz, en nombre de la libertad, trajo como consecuencia que en 1978, General Motors aprovechó el retraso cambiario del período, vendió su planta a una empresa de cigarrillos y retornó a Estados Unidos; en 1979, Citröen abandonó sus actividades en el país, vendió todos sus activos a un grupo de empresarios argentinos pertenecientes a la industria auxiliar que continuó la producción de algunos de sus modelos bajo licencia; otra gran empresa automotriz norteamericana, Chrysler, vendió su planta productora y licencias a la alemana Volkswagen; en el mismo año 1980, Peugeot vendió su planta y sus licencias a Fiat, y en menos de un año, el grupo Macri adquirió ambas empresas, conformando una sociedad que adoptó el mismo nombre que la fusión de las terminales había adoptado en Europa: SEVEL Argentina.

¿Por qué se cerró una empresa que funcionaba prósperamente?

Los funcionarios de IME consideraron que era posible llevar el vehículo P-80 a la fase prototipo si lograban interesar al gobierno nacional en el proyecto y realizaron una demostración de las capacidades tecno-productivas de la empresa. Al terminar el año 1979, IME realizó un desfile con motivo del aniversario de la fábrica en el que estuvieron presentes autoridades del gobierno nacional. En el evento fue presentada toda la línea completa de vehículos que fabricaba en ese momento IME, el Rastrojero con todas sus versiones.

Según relató un ex funcionario de la empresa “Yo creo que esa presentación que hicimos al final del año 1979 mostrando al país y a todas las autoridades la capacidad de producción que tenía IME fue lo que le dio el golpe de gracia porque se dieron cuenta que si no adoptaban una medida clausurando en ese momento la empresa, no la iban a poder clausurar más”. La hipótesis es que Ford y Fiat intervinieron en ello. Como se dice ahora, no hay pruebas contundentes pero no hay dudas. El Rastrojero era un utilitario modesto pero se vendía más que la pick up Ford.

Industria de bandera: el Rastrojero, ejemplo y parábola de la "chata" nacional

“Hacia fines de 1970 yo trabajaba en Ford, como becario. Con motivo de la llegada de un funcionario de EE.UU., se hizo algo que era una práctica habitual, un show comparativo entre modelos similares de distintas fábricas radicadas en el país, siendo las “pick-ups” las elegidas para esta ocasión. Estaban, pues, la F100, la Dodge, la Chevrolet y por supuesto, el Rastrojero de aquella época, obviamente, totalmente modesto en la comparativa. No obstante, recuerdo muy bien la frase de quien era mi jefe: cuando Mr. (el funcionario de la casa matriz) se entere que el Rastrojero se vende más que nuestra F-100, no va a entender nada. Era un vehículo más modesto pero muy competitivo”(1).

El cierre de la empresa y el final de la fabricación del Rastrojero beneficiaron en forma directa a Ford, la empresa que tenía el mejor vínculo con la dictadura. De hecho, fueron los proveedores de los Ford Falcón que fueron utilizados para la represión ilegal por parte de los grupos de tareas. Y también fue en la planta de Ford dónde los comando actuaron libremente persiguindo y asesinando a los trabajadores. El crecimiento en la participación sectorial experimentado por Ford en 1980 es prácticamente idéntico al lugar que dejó vacante IME: 7.500 unidades.

Más allá de toda conjetura, lo cierto es que el triste final del Rastrojero operó como una especie de metáfora del fin de toda una época en la apuesta por el desarrollo de proyectos de desarrollo nacional con protagonismo del estado.

1- (G. Dasso, julio de 2010).

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